sábado 18 de mayo de 2013
17 de mayo de 2012, 10:58
Otro ataque al modelo social: el desmantelamiento de las políticas activas de empleo
Jaime Javier Fenollera de Miera. Director de la Fundación Formación y Empleo de Extremadura de CCOO de Extremadura
El Gobierno ha reducido los fondos destinados a las políticas activas de empleo de una manera tan drástica que condenan a una desaparición prácticamente total a la orientación laboral y a la formación de trabajadores y desempleados. En Extremadura, miles de profesionales que se dedicaban a estas tareas irán a las listas del paro y las casi 160.000 de personas sin trabajo se verán desamparadas y sin apoyo para mejorar su cualificación y para encontrar empleo.
Es paradójico que los sistemas que se crearon en crisis anteriores y contribuyeron a su superación sean ahora arrasados. Ya está claro que la actuación del Gobierno no pretende realmente salir de la crisis, sino desmontar el modelo social.
En épocas de elevadas tasas de desempleo, la orientación es un servicio incuestionable que actúa como un elemento de ordenación del capital humano que beneficia tanto a los trabajadores como a las empresas.
En un país cuyo tejido productivo requiere una transformación que mejore su competitividad, la mejora de la cualificación es clave. Sin embargo, la financiación del sistema de formación sufre una disminución radical.
La formación y la orientación no son sistemas coyunturales, son elementos estructurales del desarrollo económico y social. Absortos en la disminución del déficit público, no podemos olvidar la exigencia constante de recualificación de un sistema productivo competitivo.
El sistema actual fue creado durante el primer Gobierno socialista, se consolidó durante el Gobierno del presidente Aznar y se mantuvo con Zapatero. No es presumible, por tanto, ninguna vinculación partidista. Sin embargo todo apunta a un desmantelamiento del sistema con el Gobierno actual, cuando lo necesario sería potenciarlo y reformularlo para hacerlo más eficiente.
Que el sistema de formación para el empleo español sea coparticipado por los agentes sociales y económicos no es un capricho, ni oculta la intención de financiar a la patronal y a los sindicatos como se insinúa. La formación y la orientación son un pilar del crecimiento económico en el que confluyen los intereses del tejido empresarial y de la clase trabajadora.
La práctica desaparición del sistema de formación-orientación implica la destrucción de estructuras altamente profesionalizadas. Como todo recorte drástico, el desmantelamiento de los sistemas de orientación y formación también conlleva destrucción de empleo. Es la dimensión humana del ajuste: el paso al desempleo de un nutrido grupo de profesionales cualificados y comprometidos con, paradoja, la mejora de la empleabilidad. Un colectivo que ha mantenido una constante actitud de compromiso y profesionalidad.
Pero también existe otra dimensión humana: la de quienes habiendo perdido su empleo, buscan los servicios de orientación y los encuentran cerrados. Pronto ni en los Servicios Públicos de Empleo hallarán la ayuda que precisan.
La destrucción de las estructuras de orientación y formación se traducirá en un tejido productivo con mano de obra de menor cualificación y con dificultad para adaptarse a los cambios tecnológicos. Socialmente generará mayores desigualdades y precariedad, favoreciendo a quienes puedan acceder a la formación privada.
Si se deja en situación de desamparo a las personas desempleadas, se priva al sector productivo de herramientas de competitividad y se desarticula el diálogo social, la pregunta es inevitable e inquietante: ¿Hacia qué modelo social, en términos de bienestar, justicia social y fortaleza económica nos dirigimos?